martes, 29 de agosto de 2017

Vueltas que da la vida.




Existir es un continuo girar,
unas veces al derecho, y otras al revés,
en ocasiones con luz de neón
y otras dentro de una cámara oscura.

Días de caricias y de vanidad
de dolor y orgullo,
días infinitos de soledad y miedo

Luces y sombras,
llantos y risas,

sin consideraciones exclusivas
ni referentes únicos.

Giros parecidos en mayor o menor medida,
con un final común, donde todo se amansa
y ya no sirve de nada lo pasado:
ni valen laureles, ni perdones ni condenas.

La vida misma no sirve
cuando solo gira en torno a la melancolía y al silencio.

Poco importa ya dar otra vuelta más.
Vivir o morir.


sábado, 26 de agosto de 2017

¡Espera!




¡Qué sola estará hoy tu casa, llena de inútiles flores de recuerdo!
Tu juventud que nunca abandona la forma de tu cuerpo
extrañará ahora el bullicio obstinado del verdadero amor
y en tu cabeza desolada arderá con furia la deslealtad de mi nombre.

Esa es mi pena, que tiene forma de luna llena,
Pena que porta un perfume de amaneceres que no vuelven,
de imposible existencia si no existieras.

Pena a la altura de unos ojos
que miran a través de la lágrima.

Lágrima que ciega tus ojos,
Ojalá! ese llanto solo sirva para regar la flor del perdón
y sacie la sed de querer y ser querido.

Tu lagrima, mi pena,
únicas, e indelebles
como el deseo de enmendar el error,
como la esperanza del perdón,
como la añoranza del futuro construido con todo el pasado,
y la confianza de volver a ver esos ojos limpios
sin que se nublen con más lágrimas.

¡Espera! que otra vez llegará el olor que desprende la higuera,
¡Espera! que llegue el sueño dulce y el calor del abrazo,
¡Espera! que aún nos queda un largo destino
mirándonos las manos hasta envejecer.
¡Espera!.


sábado, 19 de agosto de 2017

El penúltimo acto.




Fue entonces cuando repentinamente se puso de pie como si despertara de una terrible pesadilla, la silla cayo a sus espaldas, de modo que casi perdió el equilibrio, y dijo en tono de oración:
-Este, que será mi último acto,  va dedicado, a la única mujer a la que siempre quise, igual que todo lo bueno que pudiese haber hecho en mi existencia, y también esa  última lágrima del día en que muera.
Lo digo, porque en el recuerdo del último instante, a ella quisiera seguir mirando.