jueves, 3 de julio de 2014

Los caminos del señor son inescrutables.




Bien es cierto que analizando con cierta distancia la naturaleza que define la religión creada por el ser humano, esta solo se puede encuadrar en la vileza.

No habrá otro ser en el universo tan necio, mezquino e infame, que siendo excelsamente defectuoso y deficiente presuma de estar hecho a imagen y semejanza de su dios.

Aun así, permitan ustedes que abusando del desinterés que me suscita todo lo racional y sin hacer alarde de esa magnánima bondad que me caracteriza, les perdone a todos y cada uno de ustedes, por los siglos de los siglos amen (o chimpun, como prefieran).

A la salida les dejo unos chupitos de aguardiente por si alguno de ustedes resuelve empezar esta nueva vida purificada con alegría añadida.


Mañana a la misma hora sigo con los perdones, pero ya cobrando.



sábado, 28 de junio de 2014

Los sitios perdidos.







En el pueblo, algunos días, antes de acostarme tenía la costumbre de salir por una ventana hacia el tejado y quedarme allí tumbado observando desde lo alto como todo lo pasado se diluye en esa distancia con horizontes indefinidos que provoca la noche.
Ahora, vivo en un pequeño apartamento y sus ventanas, como casi todas las ventanas, solo dan al vacío.

Echo de menos mi tejado y también las horas muertas que he permanecido tendido allí, sin otra necesidad más que la de disfrutar de esos momentos en los que nada importa.

Espero que nadie interprete que soy persona abocada a luctuosas inclinaciones, tan sólo busco la satisfacción en  la añoranza aunque reconozco haber sufrido algún trauma por este motivo.
La soledad, quizás sea el único bien de esta dolencia del olvido, y tal vez por eso está condición de solitario deriva del temor a la conciencia del mal y del sufrimiento.

Nunca fui depredador de sentimientos, tampoco busqué presas donde es fácil encontrarlas. Me gusta sentarme en algún lugar apartado y observar el trasiego de la gente, con este simple acto de contemplación me siento acompañado o creo que acompaño a alguien. Una sensación de plenitud como quien aguarda un regreso, como si esperase a alguien que trajera un mínimo consuelo por todo recuerdo perdido, igual que se hace con los enfermos para paliar en algo su desgracia.

Pero nunca ocurre nada.....


lunes, 26 de mayo de 2014

La vida sin distancias.


Hoy tengo la sensación de que el tiempo corre demasiado y que el mundo permanece quieto en medio de tanta rapidez, quieto y sosegado tal vez contagiando cada posibilidad de determinación con una especie de huida forzada pero placentera.  
Es como si a cada instante estuviéramos escapando de todo lo que nos compromete sin que esto suponga el más mínimo remordimiento.

Al mirar por la ventanilla del coche observo que el mundo está lleno de carreteras inmóviles regalándonos toda su distancia, cuando la vida tan solo consiste en estar, sin otro compromiso mayor que observar correr ese tiempo que nos pertenece pero sin la contingencia de la retención.

Cuando estamos en la soledad mas absoluta, cuando todos los cuartos, incluido el del recuerdo, quedan vacíos es posible un pequeño delirio de  intemporalidad, pero la memoria lo sabe y en el absurdo de su mofa perversa y promiscua nos agasaja con su compañía redoblando tambores de glorias lejanas o repicando esas campanas que oímos sin saber donde, y el tiempo mientras tanto, continua con su labor tachando los días que nos quedan.

He de reconocerlo, la memoria me ha sido siempre infiel.
Una gran traidora.

martes, 22 de abril de 2014

La memoria no es más que una herramienta muy poco fidedigna




No sé si a ustedes les ocurre, pero, ¿no sienten a veces, que no hay nada tan irreal como el pasado, donde, con el tiempo, todo se va cubriendo con una capa de fantasía?.
Leo cosas que escribí no hace mucho tiempo a modo de experiencias y me da la sensación de que me sumerjo en la ceniza de alguien diferente y ya acabado. Es como si al fijar el pasado a un papel, uno se sometiera a un extraordinario ejercicio de auto incineración.
Las cosas no dejan de ser como fueron aunque su recuerdo se modifique, pero pocas veces se pone en evidencia la falsedad de lo evocado que por el simple engaño del pensamiento se ha convertido en verdad.
Realmente todo recuerdo supura algún tipo de incertidumbre o equivoco, y suele ser costumbre de quien lo guarda administrar de forma interesada su destino.
En mi caso,  los elementos que se forman en la memoria reciente, se van superponiendo de forma totalmente desorganizada y aleatoria sobre aquellos más antiguos.
Entonces, inconscientemente me abruma el temor a convertir mi verdadera historia en un cuento, porque el pasado corre peligro de ser modificado y convertirse en otro distinto.

Cuando esto sucede, la duda es la que al final triunfa y el inconsciente, antes de someterse a su capricho, prefiere el olvido.

Esto justifica que la razón, una vez privada de recuerdo fidedigno, se ampare en la extravagancia de creer que la vida solo consiste en estar; sin que nada haya pasado y sin que nada vaya a pasar.


domingo, 16 de marzo de 2014

La ley de la vida como la desnudez de los árboles, dicta sentencia todos los otoños.




A estas alturas,  aún a sabiendas de que en este hombre atrincherado en la cincuentena no queda mucho mas que recuerdos prendidos con alfileres y escoceduras difíciles de apaciguar, se prevé un exiguo futuro,donde se invoca la empírica propuesta de salir del mundo.

Hacerlo desaparecer como si no existiera, como si no hubiera nadie ni nada.

Recrearse tan solo, en la existencia de la nada más absoluta y ante el desamparo de la total ausencia, solo cabrá un profundo temor, sin duda, debido al transcurso de tantos años manteniendo alguna vanidad por esos sentimientos que ya están agostados.

Temor que al poco llegará a desaparecer tras una infinita paz,  porque la ausencia de mundo evita cualquier intimidación o desasosiego.




lunes, 17 de febrero de 2014

La memoria menguante.



Según dicen los que más saben, todos nacemos con algún talento especial. En mi caso, fui agraciado con  un par de ellos:  mansedumbre y pésima memoria. El primero, me ha servido para resignarme ante todas las adversidades que me trajo la vida y el segundo, para olvidarlas o si acaso, barruntarlas lejanas, como una vaga ilusión, algo similar a lo que pueda percibir del futuro un vidente.
Hasta ahora estas virtudes han sido un elemento sustancial en mi vida. Como  parientes próximos, nunca me dejaron de la mano de Dios; siempre me anduvieron rondando esperando la llegada de la vejez y el abandono, los otros dos parientes pobres de la muerte.
Toda una vida dedicada al presagio de lo intrascendente de vivir, producto de una memoria menguante que va perdiendo los apuntes y las señales que indican cuales fueron los caminos recorridos.
Pero como todo final feliz, esto acabará resolviéndose con una bonita lápida donde cualquier cosa pudiera ser escrita.


lunes, 27 de enero de 2014

El único oficio, pelear.


Me gustaría hacer que los días fueran lo que yo quisiera que fuesen.
Ninguno tendría mañana, solo habría un eterno último día.

He aprendido que la palabra mañana es una mentira piadosa, un engaño. Trae uno y otro y otro día, y cada día que pasa tiene otro mañana.
Así, mientras espero, se irán borrando mis huellas en la demora del siguiente  mañana que vendrá con otra nueva oferta, a sabiendas de que cada día acabado, se ahonda más mi sepultura.
Por eso, tiro mi suerte al tapete y dejo que el tiempo ruede hasta que se quiera detener.
Por ahora sólo despierto, peleo, peleo, peleo, peleo y sueño.




martes, 14 de enero de 2014

La última noche, (ayer)





Tras apurar el último vaso de Bourbon, tuve la sensación de que la cabeza se me iba, como si el vacío de la noche hubiese entrado en ella hasta hacer desaparecer todo atisbo de conciencia, acarreando el sentimiento de que todo lo que pudiera quedar dentro de mi tan sólo fueran  pérdidas. Huellas sin identidad que se degradan porque no remiten a recuerdo alguno, el vehemente frío de la Nada acaba sustituyendo a la inteligencia y a la memoria.
Cabeceo con la sensación de sueño a pesar de que la voluntad no ha sido borrada del todo. Es más similar al desaliento o la desgana que a veces me rinde como si fuera el único camino de aceptar una derrota mental y física como si la noche no fuera una mera ausencia, si no un campo de batalla donde debo luchar solo en una guerra mortal y silenciosa.




viernes, 20 de diciembre de 2013

La sensatez de los instintos.





El oficio de pensar ha llegado a convertirse en un vicio del que no me puedo desprender. Me he convertido en un ser dependiente, en un penitente sufridor agobiado por la interminable presencia de ideas que fluyen como un río desbocado. Ideas que se superponen unas a otras hasta el infinito. Todas tienen la misma relevancia, y magnitud, todas prevalecen durante el mismo tiempo y no puedo obviar o descartar ninguna.

Pensamientos absolutos que parecen surgidos de la nada, pero haciendo un pequeño examen con algo de detenimiento y rigor, me doy cuenta que todos están enmarcados en límites muy estrechos.
La creatividad del cerebro se reduce simplemente a mezclar, trasponer, aumentar o disminuir todo aquello que los sentidos o la experiencia le suministra. Lo que nunca he llegado a comprender es qué puede mantener la atención fija en todos los pensamientos a la misma vez y los maneja con tan pasmosa facilidad.

Solo he encontrado un único sosiego, un remanso de paz,  un único momento en  que mi mente se queda en blanco, es cuando la velocidad aumenta, las curvas se cierran, la moto se tumba y se encienden todas las alarmas, es entonces cuando la adrenalina se dispara y me vacío por dentro como si mi espíritu me abandonara dejando mi cuerpo a merced de los instintos.

Ahora que ya soy viejo, cada vez me cuesta más ceder ante la llamada de ese instinto. Será que después de todos aquellos avatares que me reclamó la vida y a sabiendas de que ya está certificada su ruina lo más sensato es recobrar de una vez por todas y para siempre, el sueño, donde somos mas libres y mas inocentes.

Será  por ese anhelo de soñar que cuando me monto en la moto, lo hago de manera improvisada sin método alguno, sin resolver ni siquiera mi destino.
He de reconocer que a mi regreso siempre me sorprendo. Lo encuentro todo ordenado y extraño, me asombro incluso hasta con las arrugas de las cortinas cuando en realidad, nada ha cambiado tan solo el viajero que retorna de ese lugar donde reina la incertidumbre y el riesgo de no volver.




sábado, 23 de noviembre de 2013

Tremendo placer insustancial.



Dormir con la ventana abierta me ha concedido uno de los más extraños regalos.
Esta mañana, tras ver como el aliento se cuajaba en el aire helado de la habitación, me he quedado disfrutando del dulce calor de las sábanas y he cerrado los ojos una y otra vez buscando este modesto bienestar que me ofrecía la cama caldeada.
El frío, como enemigo incomodo, humillaba toda piel desguarnecida y yo me ovillaba hacia adentro en ese minúsculo territorio que limita mi contorno para sentir de nuevo el intenso placer de lo absurdo.
Es un instante mágico, donde solo ceder de nuevo ante el sueño, a ser posible para siempre, sería lo más razonable después de tantos calvarios en esta vida que certifican su perdición; todo sería dado por recobrar esa parte de la vida que es el sueño, donde hay banderas de inocencia.

Ahora la ventana está cerrada, la cama deshecha el café caliente y las calles todavía heladas, esperando afuera.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Pájaro de mal agüero.




Hace algún tiempo, voy escribiendo un diario, pero con una singularidad; lo hago a futuro, o si lo prefieren por adelantado.
Escribo pronosticando lo que haré o lo que me sucederá en las siguientes dos semanas, de esta manera me prevengo de aquellos acontecimientos desagradables o incómodos que pudiesen sobrevenir.
Les confieso que estoy algo preocupado; justamente, a partir de esta fecha, como presagio de mal agüero, aparecen ya en blanco todas las paginas del dichoso diario .