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miércoles, 20 de mayo de 2020

La Solana


Con la edad que voy acumulando, he aprendido a asumir este declive al que cada día me va sometiendo el tiempo.
El recuerdo, vigía en la atalaya de mi conducta, enumera a cada instante acontecimientos pasados,  vaticina el camino que queda por recorrer y avisa cuando llega la próxima parada: Una parada que siempre se llama Porvenir. Un lugar predecible por su cercanía y a la vez desconocido y por lo tanto un poco sobrecogedor.

Desde no hace mucho, el futuro se muestra ya casi sin asperezas. Vaticina un camino sin relieve y de pasos, lentos y sosegados por la inquietante sombra de una espera tensa.

No hay montañas que subir, o mares que surcar,  solo hay un asiento a la solana donde a base de quietud pasamos a convertirnos en parte del atrezo del camino.

Un futuro con muchas pausas, sosegado y juicioso aunque todavía a esta edad que tengo, se atreve a vislumbrar alguna insinuación temerosa y fuera de toda prudencia. Planes y proyectos azarosos y expuestos fuera de la linea temporal que corresponde a este oficio de ser ya un viejo.

En las próximas páginas, ya no hay letras en negrita, ni subrayados. No existe determinación rotunda, ni anhelos de inexcusable cumplimiento.
Existen los deseos, aunque a veces pienso que son solo formas oníricas alguna vez soñadas y para reivindicar una antigua juventud o para fingir a voces que sigo siendo joven aunque en seguida, se conviertan en locuras y lamentos de otro Quijote.
Hago planes disparatados. Delirios que reactivan al loco que fui o que quise ser, dándole sentido al tiempo que me queda, intentando de nuevo la ilusión que acelere el latido de este viejo corazón.

Así voy recorriendo una senda que pasa por todo lo que hicimos y las razones de por qué lo hicimos; con sus distintas trayectorias y bifurcaciones en donde, unas veces, me aparté de la trayectoria y otras me desviaron, aunque al final siempre acabo llegando exactamente al punto donde estoy. Muy cerca ya de la Solana.

Todo está en ese camino escrito, todo lo he sabido o al menos presentido siempre.
Esas vidas ajenas que elegí y las que me eligieron,  aciertos y fracasos. Nombres de gente en quien me he apoyado con fuerza y eslabones que se fueron rompiendo a pesar de mi empeño.

Todo,  las cicatrices y las secuelas que dejaron las perdidas,  la miseria del orgullo, la envidia, el rencor. Lo que dolió, lo que se ha disfrutado.
Absolutamente todo, hasta este mar de dudas que mece este cuerpo con sus mareas y sus olas lentas de  reproches y que siempre acaban trayéndome  al sosiego del banco de piedra en la Solana donde continuaré convirtiéndome en camino.

Y los días pasan.






viernes, 31 de mayo de 2019

Hora de la tristeza.



Hace mucho que dejó de llover
sin embargo, siguen cayendo sin motivos los recuerdos.

Hay humedad y frío hasta en la música,
la hoguera de la esperanza
ya no da el calor que antes le exigía,
algo nace en cada suspiro
que no es la pena
porque ya está abatida.
En su agonía el espíritu creció, lloró,
pero aún niega el olvido.

No todo va a ser desilusión,
tiene que existir alguna certeza,
la de amar, o la de no amar,
sin duda esto es la evidencia que queda
después de esta derrota permanente,
después del alma cercenada,
habrá que dejar secar las heridas
con ese tiempo que seca las flores
y seca las lagrimas.
hasta que no quede nostalgia
y nunca vuelva a ser tan tarde
a la puntual hora de la tristeza.



martes, 28 de mayo de 2019

Huida hacia el caos del Universo











Traerá destellos de lluvia en el pelo;
los ojos húmedos,
los labios mojados,
las manos heladas de frío.

Lleva en sí misma su propia causa,
a pesar de ser una causa ya perdida.

Se sentará en este sillón junto al fuego, 
calentaré sus pies con mis manos.

Los pensamientos vuelan libres
en el silencio que acumula la angustia
mientras veo como muere la ilusión 
del deseo supremo.

Reflexiones absurdas
sobre el mundo y el enorme espacio
que ocupan en él las tristezas:

"En cualquier parte cualquier cosa sucede
y todo lo que sucede conviene,
incluso este mismo vacío sin límites
incluso la voluntad contraria a toda razón".

"No hay ser que sea perfecto,
ninguno subsiste por sí mismo,
todos tuvimos frío alguna vez,
todos tenemos un origen.

Nadie posee toda la razón,
no se debe luchar contra los principios naturales
ni se pierden las relaciones guardadas en los espejos
donde nos alguna vez nos reflejamos".

Esa es la naturaleza del sistema.

Solo los que escapan al caos del cosmos,
sobreviven para encontrar un hogar
donde hacerse viejos.








viernes, 17 de mayo de 2019

Canción de autillo





Es primavera otra vez,
aparecerá  Marte por el Oeste, en el crepúsculo,
el sol del atardecer formará
lagunas brumosas sobre las eras.
Llegarán de nuevo los pájaros.

Petirrojos y  tordos, 
se bañan ya en la pileta de granito donde echo agua.
Los jilgueros cantan mientras anochece.
una vez más descubro a los robles brotando después
de la navidad en estas tierras.

Hoy están en flor. 

Veo las cenizas esparcidas de una hoguera
en la que ardieron mis últimos poemas.
Uno de despedida y otro de amor.

Hace mucho tiempo se apagaron las brasas, 
se negaron aquellas palabras 
que contaban la felicidad de otro atardecer
lejano en otra primavera. 

Han pasado ya dos infinitos últimos años 
desde que vengo a morir aquí.

Los ríos han limpiado los cantos de sus lechos 
La erosión ha roído un poco más el fondo de los valles. 
Y también se ha erosionado este ciclo de la vida.

Este ser humano se hunde en este río del olvido 
como el canto del autillo 
que alguna primavera pasada ya escuché
y que hoy,  tanto tiempo después,
a la a luz de esta luna,
suena como una música distinta. 

Será porque hoy, el aire está en calma, 
o porque  la pena me abraza
y me  envuelve como una telaraña,
me arropa como una canción, 
o un perfume,
igual que me envuelve la luz de esta luna
y la bruma del valle. 

Luna que inunda ojos
sin iris ni pupilas,
ojos  de fuego frío de cuervos que 
pasan por este mundo vacío y abandonado. 

Escucho una respiración
a la luz de la luna.

Respiro.

Estoy vivo.

Pero no puedo encender otra vez la hoguera
para calentarme a su lado,
 y al amparo de esta luna,
escuchar el canto del autillo
en este silencio nacido del miedo y de la noche.

ver tus ojos en el fulgor de algún reflejo.
Mantener viva la lumbre
quemando poemas que se conviertan
en humo de mil colores.

Ojalá supiera enroscar la mente sobre si misma
Ojalá pudiera volver a escuchar esta canción
infinitamente apagada
que hoy canta el autillo





domingo, 15 de abril de 2018

Vieja tristeza



He vuelto, sin querer,
a esa vieja tristeza,
que como el tiempo vuela.

Vuela desde esta mañana implacable
al escándalo del grajo,
al frío que arde en las entrañas,
a la ausencia más querida,
al duelo mas costoso.

mas triste que este vaso vacío
mas triste que este espejo sin rostro
mas triste que este teléfono que nunca suena,

peor que el silencio del olvido
peor que este sol que abrasa
peor que este rescoldo que se apaga.
peor que fingir alegría sin fundamento.

Solo  hay una razón
porque más no quiero que la haya:
Una estrella a la que apunta mi dedo,
como regalo del loco.

Solo esa luz queda en el horizonte.
el resto,
todo es infierno.