jueves, 15 de septiembre de 2016

Ese miedo que no se puede esconder.





Tengo miedo.
Me tumbo a su lado buscando un consuelo y toco su piel que ahora me parece más suave que nunca y escucho el leve rumor que emite la angustia derramada en esos suspiros que escapan de su freno.

No sé que hacer, no estoy a la altura. Tengo mucho miedo.

Busco palabras para dar algún alivio, algún ánimo, pero me quedo callado. Solo me quedo a su lado y el silencio empieza a hacerme un terrible daño que sufro como sufren los cobardes, sin resistencia.

Nunca estuve a su altura.

Necesito encontrar palabras precisas que enmarquen con la exactitud de un reloj suizo  estos sentimientos que siempre fueron impensables.
Habría que inventar esas palabras capaces de escapar a cualquier razón, palabras que hablaran del dolor del alma, palabras que expresaran lo desvalidos que estamos sin lo que tanto queremos. La insignificancia de una imagen dentro de espejos rotos en mil pedazos.
Palabras para definir el miedo que me rompe las entrañas al mirar esos ojos marcados con las huellas de todas las lagrimas derramadas en la trampa de la soledad.


PacoRral



domingo, 11 de septiembre de 2016

Cuanto vale el último segundo?.






He conocido demasiado bien esta limitación a lo finito que nos impone el reloj, la inquietud y la duda que nos traen los años sin saber si merece la pena vivir esta vida acotada a su capricho. Tiempo capaz de cambiar la fortuna por lo adverso, sin hacer ruido, como una luz cuando se convierte en sombra.

Siempre a merced del tiempo, de ese amasijo de dirección única y sentido incierto.
Sólo somos sombras retenidas. Puntos únicos sin principio, sin final, sin dimensión alguna que nos pueda certificar.

La única venganza posible es reírse de esta existencia porque todo lo que nos afecta, permanecerá solo lo necesario.

Al final no quedará duda de si será el mismo tiempo quien nos haga desaparecer eternamente, a sabiendas de que él es simplemente lo contrario a cualquier eternidad.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Para cuando todo se pierda.






Ahora, cada vez que entro en esta casa, lo hago con cierta prevención.
Cierro la puerta despacio, sin hacer ruido para no sobresaltar a esta soledad que como perro fiel me espera.
Antes de adentrarme en el salón, escucho atentamente,  pero sin esperanza, por si quedara un eco de algún susurro, o se oyeran unos pasos furtivos.

Me tumbo en un sillón que se recrea en mis recuerdos.
Extiendo mi brazo en su brazo esperando encontrar caricias donde antes las hubo. Aspiro su aire por si estuviera manchado con ese perfume que tanto me gusta,  y allí tumbado comienzo un entretenimiento que consiste en poner nombres a los lugares que visité, colocar cada hora vivida en su sitio, y cada luna llena en los huecos que fueron dejando las nubes.
Intento que nada se olvide porque perder la memoria, no es más que un ensayo para cuando todo se pierda.

Luego me quedo dormido.


lunes, 4 de julio de 2016

Debilidades del inconsciente.





Vengo barruntando desde hace tiempo, a lo mejor, es esta costumbre de soñar despierto lo que más me perjudica, pero no poseo control alguno sobre estas evasiones del mundo terrenal que normalmente acaecen sin mostrar el más mínimo indicio que me prevenga de ellas.
Estas ausencias nunca son premeditadas, vienen siempre de una manera sibilina y silenciosa. Quedo embelesado o abstraído hasta que alguien repara en mi estado y palmotea a mi lado para devolverme al mundo de la realidad.


Excuso estas debilidades pensando que la culpa es del inconsciente, que me obliga a marchar a ver si encuentro las razones de las que nacen las tristezas o las alegrías.

Estos viajes, suelen comenzar de las maneras más dispares, a veces me voy volando tras la primera mosca que pasa,  otras, me quedo enganchado al segundero del reloj y con él doy mil vueltas dentro de su misma esfera que se convierte en algo tan grande como el mundo; pero generalmente son las ventanas las que aventajan a todos los demás objetos a la hora de proporcionarme ese placer del ensimismamiento.
Me marcho por ellas sin ninguna voluntad de hacerlo. Dejo un cuerpo indolente y flojo a este lado del cristal y me marcho empujado por una especie de vicio o placer similar al del caminante que ve una senda y no puede evitar seguirla. Por eso a esta penitencia que somete mi voluntad a imprecisos deseos la he dado en llamar "ventanismo".

Cuando hago "ventanismo", no visito lugares precisos, me quedo en las bagatelas del tiempo y del recuerdo, aun cuando desde allí reconozco la vida con toda su intención, veo como va por un único camino; y aunque en este estado de arrobamiento, no puedo asegurar que los sentidos perciban señal alguna,  tengo la certeza de que no estoy en ese camino único que traza la vida.
Todo se detiene aunque yo siga morando en mi propia ausencia, en este indefinido estado durante un tiempo que también se dibuja impreciso.

Cuando vuelvo de este alelamiento, siempre me detengo unos instantes en el interior de los cristales, me pregunto cual es el misterio que guarda ese par de milímetros donde se produce la magia de la transformación del mundo real al mundo del ensimismamiento y como un tonto que no sabe responder, simplemente sonrío, igual que cuando era niño sonreía a mi madre cuando me preguntaba por qué había hecho alguna trastada.


sábado, 25 de junio de 2016

¿Cuándo dijiste que vendrías?



Allí estaba definitivamente abandonado, ocultando con pudor la cara tras un ramo de flores que empezaba a justificar el intolerable olvido, o tal vez desprecio, de la bella dama a la que pacientemente esperaba aún a sabiendas de que desde hace tiempo a ella, él ya no le importaba lo suficiente.

El pudor es una forma digna de negociar con el miedo. Como ese polvo depositado con lentitud por el tiempo sobre los fracasos.
Otra vez estaba allí,  en ese transito que no lleva mas que de la nada a la nada, recorriendo esos sinuosos recodos que nos ofrece la vida y que son tan difíciles de justificar.

Así es la vuelta a casa tras la decepción. Cargado con algún ridículo ramo de tristezas o de flores, dispuesto a escuchar una voz metálica al teléfono con otra piadosa excusa, capaz de sustentar de nuevo la razón de mi abandono.
Aunque en el camino, ya  vaya cultivando en esa imaginación más calenturienta la posibilidad de que su  justificación sea redentora y capaz de dejarla libre de toda culpa.




sábado, 21 de mayo de 2016

¿Compartimos un secreto?







Si yo pudiera, te diría este secreto que no se decir.
Te contaría que es lo que esconde  la luna
que cada noche contemplo,
por si me devuelve tus miradas.

Te diría si pudiera, que existen los cuentos
y en los cuentos, aunque sean antiguos,
aún viven las princesas más bellas.
las hadas mas buenas
y los unicornios más blancos.

Diría de alguna manera hermosa,
que me gustaría seguir gozando de todo
como si todo fuera nuevo,
te hablaría de aquello que la edad no fue capaz de diluir,
de la luz que emiten esos ojos,
del asombro que provocan cuando miran a hurtadillas.

Te contaría solo las cosas que amo,
y dejaría todas las lagrimas escritas en poemas.

Resumiría todos los miedos
en uno solo:
Tu ausencia.

Mejor sería si te dijera
del merito que tienen estos sentimientos
sin tiempos ni fronteras,
del momento perfecto de un abrazo sin prisa,
de la suavidad de una caricia,
de esa mañana sin límites
que comienza en la calidez de tus labios.

Si supieras mi secreto,
sabrías que mis mayores glorias
caben todas en tu encuentro.

Sabrías también, por qué todo el tiempo
comienza
y termina
el mismo día.






lunes, 16 de mayo de 2016

Mala hierba.


Flor que nace de la hierba,
abandonada a la soledad,
sin fundamentos de fé,
sin respuestas que nieguen la razón.

flor de hierba,
nadie contará tu historia
nadie verá tu reflejo, marchito,

Vivirás, solo por vivir,
abandonada al desamor,
cosechando días intrascendentes
llenos de horas vacías.

Otra broma pesada,

igual que poesía estéril
escrita en tierra húmeda,
flor de mala hierba,
tu bella arrogancia es inútil.










miércoles, 11 de mayo de 2016

Azul



Hoy he decidido que es lo que más me gustaría ser en caso de existir una reencarnación o algo parecido.
Siempre buscaba entre los animales, en principio, solo entre los salvajes descartando los domésticos, porque son menos exóticos.
Inicialmente escogí el león por ser el fiero rey de la selva pero al final lo descarté porque, bien pensado, no me gustan los reyes y además están a punto de extinguirse,  luego me interesé por otros cuantos pero todos los fui descartando, unos por tamaño, otros por hábitat o incluso por el lugar que ocupaban en la cadena alimenticia. Así fui pasando por casi todos los animales y bichos que conozco hasta llegar a la hormiga que al final también fue descartada por ese trajín incesante que las caracteriza, además de ser unos bichos que me recuerdan a los militares, siempre tan disciplinadas, marciales y combativas.

La reencarnación más adecuada para un ser mediocre y limitado, tal vez sería convertirse en planta, concretando un poco más, en árbol. Estos son seres vivos sin ninguna necesidad de pensar ni moverse demasiado,  con la única condición inapelable de  nacer y morir en el mismo lugar, sin mas quehacer que contemplar como sale y se pone el sol.
Sin embargo, esa opción tampoco me convenció demasiado. Me daba algo de aprensión tener las ramas llenas de hormigas desfilando para arriba y para abajo, hurgando todo el santo día por mis entresijos. 
Descartados los seres vivos me fijé en los inertes. Los más grandes como las montañas y los ríos, me parecían demasiado pretenciosos, para una condición de ser humano sin merito alguno. Como mucho me convertiría en piedra, pero piedra de monte de esas que no son útiles para nada. Una piedra áspera, que no sea rara, no vaya a ser que a alguien se le ocurra hacer conmigo un de pisapapeles, ni bonita, no sea que me conviertan en llavero, o se apropie de mi algún mortal despiadado guardándome en un bolsillo para agarrarse a ella como herramienta de superstición.
Por cierto, ¿y si las dos piedras que desde hace años me acompañan fueran almas reencarnadas?.  No, definitivamente no me gustaría ser una piedra e imaginar una existencia tan manoseada como la de mis dos piedras negras
.
Por fin hoy, he encontrado algo en lo que me gustaría convertirme, no habrá hormigas que me perturben, ni trabajos que me agobien, o manoseos que me abrumen.
Me gustaría convertirme en color azul, Azul intenso o pálido, con cualquier variedad cromática me conformo, Celeste, añil, violáceo, morado...., no tengo mayores pretensiones que aparecer y desaparecer por si alguien me contempla y si no hay nadie que contemple me dará lo mismo seré un azul invisible, al fin y al cabo, ser invisible es el principal atributo de los que nunca fueron nadie.



sábado, 23 de abril de 2016

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.



Habrá tiempo, mucho tiempo,
todo el tiempo,
para aprender estas palabras
que solo pensaste encontrar
al final de los cuentos.

Erase una vez una duda malvada,
que se elevaba como pájaro torpe
haciendo enorme estrépito al batir sus alas.
Una duda persistente y agorera
que viajaba con la desazón y el miedo.

Tomando café, un día cualquiera,
se puede ver venir su negra sombra,
(mal sitio para ocultar la resignación
si esta se envilece por el miedo).

No queda otra- dirá la sospecha-
más que certificar que los malos diagnósticos,
tarde o temprano, acaban llegando,
(aunque sea decorados con  lazos
del color de la esperanza).

Aún así, todavía habrá una  última ventana
por donde mirar para ver el más allá.
Un último espejo que aún te descubrirá,
y algún cuento póstumo,
escrito con pecados sin perdonar.

Ya vendrán después,
desde ese infinito valle del olvido,
las luces que un día te iluminaron,
el calor que dejaste perdido
y ese vacío que antes llenabas.



domingo, 10 de abril de 2016

Desde adentro.






Hay otro que también vive en mi.

Un invasor, o mi otro yo exiliado,
un otro al que temo e ignoro,
ese otro que está solo siempre que yo estoy solo.
Ángel, demonio o ambos.
Una sombra que crece en mis adentros,
uno que responde a mis preguntas
pesimista y  melancólico.


Ese otro, también te ama.




viernes, 1 de abril de 2016

El daño de las palabras







Tus cartas están afiladas por palabras 
duras como puñales,
donde toda Posibilidad, 
desaparece como perro asustado,
por sendas jamás soñadas.

Cartas, una y otra vez
marcadas con el desafío
de no saber donde ir.

Cartas que me recuerdan cada día,
que es mal asunto
andar moviendo maletas vacías.