Tan solo un saludo, simplemente levanto la mano desde lejos y hago una pequeña mueca de aprobación. Sigo siendo demasiado tímido. He dejado la puerta abierta y me fascina que alguien entre a husmear a casa, me irrita el atrevimiento, sin embargo esto es público y si lo puse o expuse aquí no es sino para vencer mi terca soledad interior.
Sea pues. Se bienvenido.
Quedo tendido y a la espera, bajo la sombra de esta colosal higuera cuyas hojas mece una brisa cálida, que tal vez venga de lejos.
Suenan las chicharras cansinas y huele a heno recién cortado. Espero mientras cubro mi cara con un sombrero de paja en el que un día guardaste tu aroma y descubro con asombro que el deseo trasciende a toda lejanía, da igual que sea aquella de donde viene la brisa, o la que separa los vivos de los muertos.
No hay ningún más allá tan próximo como este recuerdo que ahora me acompaña fiel como un perro y me trae tu sonrisa, y esas cálidas caricias que envenenaban mi voluntad de quererte por no existir una posibilidad de amarte más todavía.
Cuando se llega al más allá,
cuando lo azul se vuele negro
cuando se ha volado en las minas del viento
y se ha medido la voluntad con el miedo,
o los sentidos ya se ocultan tras el tedio y la ruina,
es cuando, sin ceremonias,
se ausenta para siempre el alma.
Se va de un horizonte a otro mas lejano
dejando oculto su nombre y su historia,
no deja en la memoria,
ni arrepentimiento
ni orgullo,
ni más ni menos, que antes de ser.
Solo.
sin ocupar espacio ni tiempo
pasó por la vida como pasan los perros sin dueño
siempre el mismo y siempre distinto,
pero, qué más da si da lo mismo.
Sin entrar en percepciones más delicadas, la vida es una pequeña fase de un todo, y dentro de ella, esto es en una especie de transición por la que se pasa constreñido y acobardado, siempre en una única dirección llena de cautelas culpables porque se camina con la advertencia de que la muerte nos va a descubrir, o lo que es peor con el disimulo para que no lo haga, sin atender a los desvíos que en este tránsito se producen. Lo peor es llegar al punto de pasar por esta existencia pisando el placer de vivir.
Hace tiempo un cadaver desde su bonita caja expuesta en una fría habitación de tanatorio, me dijo: " Tu y yo no somos tan diferentes, al fin y al cabo aún a pesar de las apariencias, ya eres otro muerto que tendrá que seguir este mismo camino sin ninguna posibilidad de variar ".
Este es el reino del presente,
donde a cada momento se conqista un pedazo de futuro,
siempre desde dentro de un instantaneo parentesis
convertido ya en recuerdo.
Pero son las palabras.
Pasado, presente, futuro.
Malditas palabras que como
pendulos van y vienen.
desmenuzan la eternidad,
resonando mientras desaparecen
como desaparece el horizonte en la bruma.
Son solo palabras
que se convertirán en ecos
y después en nada.
Tiempo, Dios, Muerte,
palabras inútiles,
enigmáticas, incomprendidas e inexplicables.
Efímero tiempo dividido por vida y muerte,
cúmulo de pasados y esperanzas de futuros.
Partido por banderas como si fuera un espacio.
Emanación de alguna desasosegada existencia,
de aquel que quiso inventar el devenir
y poner fronteras a lo terrenal y a lo divino.
Ese que inventó los dioses que aguardan
con su colosal supremacía y plenitud,
postrados en el finalizar de los tiempos
con la única misión de juzgarnos.
¡Vaya un bodrio de futuro imperfecto!
¡Vaya con la inocencia de los dioses!
¡Vaya con todos los necios engreídos de su fé!,
¡Vaya con los paraísos inventados!
¡Vaya con sus banderas y sus fronteras!.
En esta amplia colección tengo cientos de días y noches.
Cafés humeantes de amaneceres silenciosos.
Lluvias de todas clases, torrenciales,
tormentas llenas de Rayos y truenos,
y de esas eternas, mansas y lentas.
Brotes verdes, de primaveras frescas,
hojas marrones y rojas llenas de otoño y de invierno.
Atardeceres de colores imposibles.
Vuelos altos y bajos de pájaros grandes y pequeños
unos con filigranas de prisas y otros pausados y placidos.
Tengo miel de satisfacción y de dignidad,
también hay algunos caminos recorridos por tierras de la vanidad.
Tengo orgullos, arrogancias, penas y vergüenzas,
Soles, sombras y muchas lunas.
Tengo en esta colección besos,
algunos de ternura y cariño,
otros profundos, de amor infinito.
También los hay perpetuos, dolorosos,
llenos de amargura como cualquier despedida.
Primeros pasos, primeras letras, primeros logros
Sonrisas, risas y llantos también tengo.
La memoria, tan sabia siempre,
guardó, los dolores en paños de melancolía
dejando desazones y sufrimientos
debajo de todo lo demás.
Todo esto tengo, todo en varios tamaños
Colores olores y sabores.
Todo lo que soy, es todo lo que tengo,
ni más, ni menos.
Todo metido en el cajón de la memoria.
Será la llave del olvido la que lo abra
y se lleve este alma sin amo,
para dejarla en el cuarto de los trastos viejos,
esperando que sea el propio abandono quien la entierre
sin cruces, sin versos, sin cuerpo.