Tan solo un saludo, simplemente levanto la mano desde lejos y hago una pequeña mueca de aprobación. Sigo siendo demasiado tímido. He dejado la puerta abierta y me fascina que alguien entre a husmear a casa, me irrita el atrevimiento, sin embargo esto es público y si lo puse o expuse aquí no es sino para vencer mi terca soledad interior.
Sea pues. Se bienvenido.
A un hombre cualquiera, le pesa la vida cuando atardece dentro.
Normalmente, no lo dice porque le pesa tanto, recordar como vivir.
Hace ya demasiado tiempo, una niña, que después se hizo mujer, le llenó la mirada de sol y también de lluvia.
Desde la distancia, crecieron sus hijos y los vio alejarse uno a uno cuando ya hubieron cavado el pozo de donde brota su olvido.
Olvido que se cubrirá de polvo como las fotos viejas.
Un hombre cualquiera, se hace viejo en otoño y otra tarde cualquiera, se aleja en silencio, sin que a nadie le importe.
Tu llevas aún bellas flores de juventud sobre el pecho y en tu frente esta escrita la marca del mismo cielo tan deslumbrante y claro como el mirar de tus ojos.
Si hay algo que esta vida enseña, es que por estos mataderos uno no pasa solo para mirar. Aquí hemos venido todos a morir.
-A la vida no hay que buscarle otra razón -creo-.
Desde que sé esto, estoy aprendiendo a mirar al cielo y ver la plenitud de su azul, a soñar con la simpleza de tender mi espalda en el suelo, a bailar al compás de las olas del mar, y a que todo lo demás me importe un bledo.
-Qué más da, si todo da lo mismo - me digo-
Cada instante me paro a observar como el tiempo pasado se marcha a la deriva hacia no se que lugares.
Las horas pasan despacio, y a mi me gusta ver que el tiempo me va sobrepasando, y yo sigo ensimismado, mirando como crecen las flores de entre las hierbas. Es con este arma de quietud y tedio, con la que lucho contra el reloj que, a veces. me ahoga en la ansiedad. Es una manera de intentar derrotar al enemigo que llevo dentro.
Cuando venzo, solo quiero bailar, apurando este ratito de vida que queda hasta el siguiente amanecer, por si acaso nunca mas hubiera otro.
La vida también enseña que es difícil volver y hay veces que no se vuelve nunca a ningún sitio, que uno siempre está en un viaje con destinos en lugares conocidos con gentes conocida y al mismo tiempo tan cambiados, que resultan extraños. Ni siquiera de la pesadilla se regresa al sueño y hasta lo soñado también queda perdido.
-Rendirse cuando todo está perdido no tiene sentido -pienso-
Sin embargo, en cada viaje tengo miedo, mucho miedo, de no encontrar ojos en ningún lugar que miren por las ventanas los días de invierno, por si acaso vuelvo del infierno en busca de algún consuelo.
El tiempo es el ladrón
que se llevó el rojo de la rosa blanca,
y de entre lo que siempre guardé,
se llevo los más añorados deseos.
Se marchó con las miradas y las palabras,
con el amor que vela lo que yo amo,
con un hombre libre
y otro hombre cautivo, que eran el mismo.
Se fue con las ganas que guardaba para envolverte
y el deseo tatuado en el árbol para no perderte.
Con ese espejo escondido entre los espejos rotos,
con la luna que guardé entre todas las lunas,
con la última primavera, el último frío,
la última lucha.
Se marchó con el sigilo de un gato
por la puerta que se abre
hacia mi mismo.
con un rostro de gato
igual a todos los rostros de gato
que al final se olvidan.
Huyó satisfecho,
con su armadura de orgullo, más peligrosa que un arma,
y el bello rostro de la tristeza.
Lejos de todos los que quise, solo quedan fantasmas que habitan este mundo que ahora es nuevo.
Fantasmas del recuerdo, espíritus que cierran sus puertas cuando llamas.
Entonces, el insomnio se adueña de la noche, y el pensamiento se llena de angustias. Los pozos son mas profundos y la vida pierde su rumbo.
Todo se convierte en una inmensa Nada. Una Nada que se expande cada segundo y solo se puede habitar en un lugar en donde el tiempo no pasa y el reloj, se recrea en la tortura de permanecer parado en el limbo de una cama donde nunca se duerme y nunca amanece.
El sol se marcho con todas sus estrellas.Dijeron que no volverían. Desde entonces, la vida consiste en espantar el miedo de seguir despierto en este mundo sin luz, y de vez en cuando volver lo ojos a unas ventana que siempre están cerradas.
No queda mas que soportar esta oscuridad y este frío que provoca el tedio hasta que llegue el día en que me convierta en hielo, el día en que la dulzura de estas noches de insomnio y esta infinita soledad también desaparezcan y ya no tenga nada que me pertenezca.
Mientras tanto, paseo por zonas de increíble dolor que he de transitar cada segundo. Un dolor al que el alma no se acostumbra, porque es más que dolor.
Solo conservo un último consuelo:
Un frasquito de cristal, que guarda la esencia de la alegría y de vez en cuando respiro su perfume para recordar el olor de la felicidad compartida, la suavidad de las caricias improvisadas, el aroma del susurro cómplice, y de todo lo mejor que hicimos aunque ya casi no sea cosa nuestra.
Hoy dejaré de escribir lamentos para desprenderme de ellos.
Sufrir esta condena es ya mi único mérito.
Esta noche he visto los espejos más hondos y oscuros, donde se refleja la verdad como si lo hiciera en el pozo mas abismal. Espejos nítidos, claros, igual de insondables que el propio universo, pero en los que el más pequeño detalle resalta como si se tratara de sueños en la noche, como si fuera una embriaguez o tal vez como una despistada locura. Espejos que tienen la cruel serenidad de la conciencia. Espejos mansos, tranquilos, ante los cuales el hombre abatido puede contar todas sus derrotas y la mujer herida todas sus venganzas. Cristales lúcidos y diáfanos, en cuya hondura se reflejan las frentes pálidas, mejillas descarnadas y ojos verticales como abismos, de todos aquellos a los que quisimos. Espejos llenos de reproches y de remordimientos, cuyos cristales se empañan de lamentos como lunas veladas, bajo el vaho de la fría respiración de los infelices.
No veré otra vez el hermoso poema que escribiern tus ojos al mirarme. Se me olvidará marcar los días y las noches en el calendario de tus ausencias dormiré con la falsa luna encendida para que la soledad no venga a buscarme.
Todo es lo que parece cuando nada existe. Como el recuerdo de lo que ya no es, como ese lugar perdido entre el deseo y lo imposible como esa mirada de la que no consigo desclavarme. Puerta, tras puerta, todas cerradas, espejo tras espejo, todos rotos. solo queda ya la quietud de esperar, y la linea recta donde se pierde lo que busco
Sin saber caminar si no es hacia esa mirada, por el camino de pétalos marchitos de mi mismo.
Cada vez me sorprende más la singular manera en que los enigmas se nos muestran claros y diáfanos cuando son comprendidos.
La trascendencia de los pasos que se acercan y al mismo tiempo que se alejan, la duración relativa de un segundo que puede ser a la vez tan eterno como efímero. La relevancia de una gota de agua tan definitiva para la planta en el desierto como insolvente para el alga marina.
El borde entre dos sucesos. Aquello que limita el presente y pasado o la frontera entre presente y futuro. Todo se va procesando poco a poco, como el escultor cincela y encuentra la escultura escondida en la roca.
Observo como se miran entre si las cosas; las puertas enfrentadas, las rocas y el mar, los árboles y la hierba, las nubes y las montañas.
Veo la tensión que limita el umbral entre lo que entiendo y lo que no soy capaz de comprender.
No es posible que exista un devenir exclusivo, nada está completamente aislado. No hay nada propio, solo somos como la simpleza del sonido de unos pasos que para unos vienen y para otros se van. Una conciencia acumulada, un pasado excesivo.
Una vez comprendido esto, sé que, realmente, no soy yo, ninguno somos nosotros. Solo seremos cuando aprendamos a mirar como se miran entre si las cosas.
Caigo rendido ante esta forma en que algo convierte su compleja dificultad en fácil y comprensible una vez entendida la naturaleza de su estructura.
Lo sustancial de las cosas, de los seres,o de los acontecimientos, se reduce a una irrelevante trasformación, a un lenguaje inmaterial y atemporal que modela la existencia del Todo.
Somos seres exteriores llenos de interiores, que salimos al umbral de nuestra existencia a intentar resolver un diminuto enigma o misterio que es la trascendencia del peor secreto que ocultamos en la penumbra del anhelo.
Hay una imagen escondida en los espejos, un reflejo que nunca nos muestran, hasta que les hemos dado la espalda. Una imagen de todas las contradicciones que se convirtieron en condiciones. Imagen llena de propuestas locas, con más solvencia que la propia razón.
Entre todo lo lógico: el amor, y la imposibilidad de su definición; el resplandor de la luna en esos charcos que se acaban helando por la noche; la estela amarilla, que dejan las hojas a las que el otoño vence; lo racional del murmullo de las olas y todos esos sonidos que me embelesan sin decir nada; los espejos que te esconden. Cuando hablo de todo eso, es porque todo eso, habla de ti, y de lo que es tan difícil hablar. Así hablo de ti